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Reseñas seminarios 2017-2018

Des-madre: Acerca de la posición materna en la clínica de la psicosis en la infancia

Fotografía: Juan Tchritter

Mi propuesta de trabajo gira en torno a pensar a la maternidad como una función que se soporta en una posición particular  de una mujer; cómo ella en su deseo se dispone en relación a un hijo. Propongo, entonces, pensar a la madre como un dispositivo, un dispositus (participio pasivo de “disponere” disponer y del sufijo “ivo” que indica inclinación o capacidad para y que está relacionado con) que habilitará el ejercicio de una función. Para decirlo de otra manera, la función materna y las consecuencias que de ella se deduzcan en el hijo, dependerán de una dis- posición particular de la mujer.

El dispositivo es definido, siguiendo a  Foucault como un conjunto de elementos heterogéneos: discursos, planificaciones, leyes, medidas, enunciados, instituciones, proposiciones filosóficas y morales, etc. que el autor termina resumiendo como: “tanto lo dicho, como lo no-dicho, estos son los elementos del dispositivo. El dispositivo mismo es la red que se puede establecer entre estos elementos (…)”,  de lo que se extrae que la relación entre elementos heterogéneos da como resultado una disposición particular. Con esta lógica podemos tomar en consideración a la castración, la falta, el objeto, el deseo y el goce, en tanto elementos, que relacionados entre sí, constituyen un dispositivo, y una dis- posición particular en una mujer que confluyen en una función: la maternidad.

En esto ya delimitamos dos cuestiones, primero el dispositivo materno, en tanto dis- posición que da cuenta de una posición y segundo la función, entendida como relación entre variables y elementos (dependientes e independientes, que dan lugar a un conjunto o estructura), que se soporta en la primera. No hay función materna posible, si antes no existe la posición. Insisto en este punto; la dis-posición de una mujer soporta a la madre como función y el tipo de relaciones que se den entre estas dos variables mujer y madre, y a su vez la relación que se establezca con un padre en función, tendrá consecuencias en la subjetivación del hijo.

Humanización es el nombre de la primera función que ejerce una madre. La tarea que esta debe darse es humanizar a ese organismo vivo, que la cultura en el conjunto de ese sistema denomina hijo. En principio debe otorgarle los primeros cuidados de manera tal que esa criatura sobreviva, momento en el que ese cuerpo viviente queda como objeto totalmente dependiente de los cuidados maternos, y expuesto a lo que puede ser excesivo o no de esa primera erogenización (el riesgo mayor es que quede como objeto fetiche, falo materno, objeto de su fantasma). Luego será menester la subjetivación por la vía del lenguaje, hacer de ese ser humano, un ser-hablante. Hacer pasar su necesidad por las vías del significante a través de la demanda abriendo el campo del deseo.

De esta manera la mujer ofrece al hijo la inmersión en el lenguaje de manera alienante, lo hace entrar en la demanda articulada a través de esta que será lalengua materna y el niño por su parte deberá dirigirle su demanda a ella que se constituye en ese Otro que debe responder. De qué manera responde la madre, dependerá del modo en que se haya jugado en ella la relación con el falo en tanto significante de la falta (-phi) y del deseo. El efecto que ese niño produzca en ella no será sin consecuencias para su futura subjetivación.

El niño debe poder producir esa división entre madre y mujer al nivel del deseo. Desde la falta fálica, como causa de deseo, es que una mujer se divide. Si esto no se realiza obtenemos una relación de oposición pero no de complementariedad: tenemos una mujer toda, toda en el deseo de mujer, con un deseo puro (tal el caso de Medea), llegando a consecuencias extremas o bien, tenemos un deseo materno puro, donde no hay aspiración al falo, quedando el niño ahí como objeto falicizado del deseo materno obturando su falta, objeto de su fantasma (Discurso de Clausura a la Jornada de la Psicosis en el niño).

El deseo de mujer limita al deseo materno, exigiendo que esta dirija su deseo a quien porta el falo (como función), vuelve a la madre no-toda para su hijo, lo exime de volverse el objeto que tapone su falta, a su vez habilita al padre en su función tornando posible su operación metafórica en la sustitución del significante DM, con la consecuente producción de significación fálica. Por el lado del niño, lo confronta con la angustia de castración y con su propia falta.

Lacan, en El Reverso del Psicoanálisis refiere que el papel de la madre, su función, es el deseo; cito:

“El papel de la madre es el deseo de la madre. Esto es capital. El deseo de la madre no es algo que pueda soportarse tal cual, que pueda resultarles indiferente. Siempre produce estragos. Es estar dentro de la boca de un cocodrilo, eso es la madre. No se sabe que mosca puede llegar a picarle de repente y va y cierra la boca. Eso es el deseo de la madre. Entonces, traté de explicar que había algo tranquilizador (…) Hay un palo, de piedra por supuesto, que está ahí, en potencia, en la boca, y eso la contiene, la traba. Es lo que se llama el falo. Es el palo que te protege si, de repente, eso se cierra”

Lacan ubica allí en la boca, en potencia, al falo, apetencia también de la madre, que da cuenta del deseo de mujer que impide que la madre “mate” o se trague, engulla al hijo.

Elijo el sintagma des-madre para dar cuenta del modo en que la posición materna resulta fallida para el niño. Lo que no funciona, la disfunción, la in disposición es el DESMADRE.

De las distintas acepciones con que el diccionario de la Real Academia Española, define a la palabra desmadre, nos interesa destacar las siguientes: Acción y efecto de desmadrarse (da);exceso desmesurado en palabras o acciones; juerga desenfrenada; dicho de una hembra: sufrir el descendimiento patológico de la matriz; tener una caída ruidosa o un accidente con grave daño físico.

Se desprende de la definición de des- madre una multivocidad de significaciones que confluyen todas en cierta construcción de sentido por la vía del perjuicio: exceso, desmesura, desenfreno, separación traumática de la cría, caída, accidente y daño físico. Aplicado a la posición y a la función materna en relación a un hijo, es una disposición fallida. Si bien la función paterna o del significante del nombre del padre también tiene incidencia, no habrá posibilidad de intervención paterna si la mujer no está dispuesta a dejar al padre entrar. Por eso es que el hincapié quiero hacerlo en la madre y no en el padre, y en la disposición de esta para alojar al niño y para  dejar entrar al padre.

El Desmadre es un nombre de la no división en la hembra humana entre madre y mujer, también es algo que nombra a lo real en el intento de hacer consistir la relación sexual que no la hay. Lacan en el seminario XXIV, afirma que la relación sexual la hay pero solo incestuosa o asesina:

“La relación sexual no la hay, pero esto no va de suyo. No la hay salvo incestuosa. Es muy exactamente eso lo que adelantó Freud, no la hay salvo incestuosa o asesina. El mito de Edipo designa esto, que la única persona con la cual uno tiene ganas de acostarse es su madre (…) Al menos con la castración uno está seguro que puede escapar de ello”

El desmadre nombra la imposibilidad de una mujer de dividirse y, a su vez, nombra la imposibilidad que tiene una madre de pasar, de transmitir su división, su castración. Mi propuesta es que la psicosis en la infancia es consecuencia del desmadre, o dicho de otra manera, de una posición materna desmadrada.