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Reseñas seminarios 2017-2018

Mitos y Obstáculos en el inicio de la práctica analítica

Fotografía: Juan Tchritter

Estamos advertidos que muchas veces el trabajo del analista es incómodo; "no se puede hacer una tortilla sin romper los huevos", dice Freud. Ahora, ¿en que se basa esa incomdodidad?, se basa en que lejos de tener un seguro como el psicoterapeuta que controla y pauta a priori lo que tiene y va a pasar en determinado tiempo, es decir, allana el terreno para despojarlo de lo que supone obstáculos, el analista los espera. Sabe por su propio análisis que los obstáculos no pueden evitarse y que se trate de algo negativo, es simplemente un mito. Corre una carrera con obstáculos, estando advertido que al tentarse en dejarlos de lado o esquivarlos arrasaría inevitablemente con la posibilidad de trabajar con el sujeto que goza y a la vez, desea.

            El analista tiene confianza en que oferta un procedimiento que no es sin obstáculos, tal como señala la etimología de la palabra se trata de una oportunidad al encuentro. Ir al encuentro de los obstáculos indica la brújula.

            ¿Qué significa hablar del "analista sin diván"?  Título un tanto provocador para poner en cuestión ciertas (im)posturas que operan en la jerga analítica. Apostamos a correr el foco del temor de ser impuros en la práctica analítica, tomando el riesgo que nos permita seguir siendo sensibles sin privarnos de la libertad que el acto otorga.

            Toda ortodoxia es signo de peligro y no de rigurosidad.

            ¿No se trata de mitos y obstáculos típicos en el inicio de la práctica analítica?

            "A menudo es provechoso tener prejuicios"[1]. Esta afirmación de Freud resume su posición ética, la que implica sacar provecho poniendo en cuestión los prejuicios propios. Enumeremos una serie de ellos relacionados con el tiempo y que pueden interferir en la práctica simplemente por estar presentes en la cultura:

            Cuánto más viejo mejor. Las personas mayores son consideradas más sabias y uno quiere tener un analista sabio, de eso no habría duda. Respecto de la edad y la experiencia, esta idea supone al analista en el lugar del consejero, el que sabe y, sobretodo, que pasó por eso. El que puede decir, yo ya estuve ahí. Respuesta que no conduce a nada nuevo. La pregunta mejor formulada sería ¿qué nos da la edad y la experiencia? ¿te asustás menos, no te alarmás tanto, estás menos atento a ciertas cosas, y sí a ciertos detalles? Tal vez se trata de un aburguesamiento que en cualquier otra profesión viene dado por el tiempo y el prestigio, pero que no conviene a la posición del analista ya que, allí se trata de una destitución subjetiva cada vez, en cada ocasión y no ya alcanzada y lograda ad infinitum. En punto, coincide con la idea de Lacan cuando dice que el Inconsciente es un "hecho nuevo"[2], es lo que no puede darse por sentado. Al menos como lo que puede ser analizado. Esto se pone en contradicción con otro prejuicio.

            El que establece que lo más nuevo es lo mejor. Es el que propone una tésis: el último objeto es preferible a todos los anteriores, que quedan obsoletos. El último Lacan, el más viejo es más sabio y al mismo tiempo es para nosotros el más nuevo, superador del primero. Esta idea absurda del progreso no es sino un tempo alterado por los que idolatran una enseñanza y la convierten en doctrina. La cristalizan por motivos, que generalmente trascienden sus enunciados.

            La aclaración de Lacan mismo es que no hay progreso en psicoanálisis. No hay evolución hacia el ideal, sino re-volución, que significa pasar varias veces por el mismo punto aunque no sea el mismo el sujeto o su punto de vista. Es aquí donde el Lacan "apocalíptico" tal como acertadamente lo ha bautizado Gabriel Lombardi[3], toma toda su fuerza: "A lo que ustedes aspiran como revolucionarios, -dice a los estudiantes de la revuelta en París en diciembre del 69 que lo increpan- es a un amo. Lo tendrán"[4].

            El psicoanálisis es un procedimiento largo y costoso. Esta idea, hiper difundida pone en conexión tiempo y dinero, de un modo pueril en apariencia, pero muy útil para el capitalismo actual que aspira a soluciones cortas y bien pagas, pero que, como su lógica lo indica, deben caducar pronto para poder así pasar a una remake.

            Por un lado, en Argentina sucede que uno puede encontrarse con un analista en un hospital o por la obra social, habrá allí costos en juego pero no dinero. La pregunta que esquiva este prejuicio es más incómoda cuando la desplegamos: ¿quién paga? Este punto no puede esquivarse en un análisis y es un eco de la pregunta que Lacan formula respecto del ¿quién habla? en la psicosis[5]. El que paga es el sujeto con su consentimiento, su presencia y su producción. Luego podemos pensar quién pone el dinero, por supuesto. Pero esto último no debe guiar la pregunta calificable de analítica, ya que si hablamos de una posición ética en el campo lacaniano no se coincide con una ética utilitarista las que nos guía sino con una ética del deseo del analista. Acá nos encontramos con otro prejuicio que quedará para otro momento pero lo formulamos así, el de tener pocos pacientes, algo que la IPA resolvía de modo maravilloso: el analista para ser libre en su acto, debe tener dinero de familia o de otro lado, es decir, no debe vivir de eso. Me parece una solución brillante... justamente porque esquiva el problema.

            Por otro lado, ¿qué quiere decir que un análisis es largo? ¿Largo para quien o para obtener qué? Acá debemos responder con lo que Freud llamó "la variabilidad de los efectos del psicoanálisis"[6], es decir, las diferencias entre un analizante y otro así como también, lo que cada quien pone en juego en un análisis, hasta dónde llega y cuáles son las consecuencias de las que pueden dar testimonio quien, por ejemplo, se presenta al procedimiento del pase en una Escuela de psicoanálisis.

            Situados estos slogans que hacen referencia al tiempo y su conexión con el dinero -Time is money, dice un chiste de Les Luthiers y traduce, el tiempo es un maní-, tenemos la tarea de saber cómo nos implica a los analistas en el trabajo. "No hay en la vida nada más costoso que la enfermedad y... la estupidez", nos recuerda Freud en esas páginas tan valiosas de Sobre la iniciación del tratamiento que van de la 128 a la 134. Ni la enfermedad ni la estupidéz son posicionamientos que sirvan al analista en su tarea.

 


[1] Freud, S. (1909) "Cinco conferencias sobre psicoanálisis (Clark University)". En Obras Completas, Amorrortu, Tomo XI, Bs As. Página 25.

[2] Lacan, J. (1966) "Mi enseñanza". Ed. Paidós, Buenos Aires, 2006. Pág. 18.

[3] Lombardi, G. El apocalípsis según Lacan. En La libertad en psicoanálisis. Ed. Paidós, Bs. As., 2015.

[4] Lacan. J. (1969-70) Seminario 17, El reverso del psicoanálisis. Paidós. Bs. As., 2006. Pág. 223.

[5] Lacan, J. (1955-56) “Seminario 3: Las psicosis”. Ed paidós, Bs. As. 1984.

[6] Freud, S. (1937) "Análisis terminable e interminable". Punto III. Biblioteca Nueva, Bs. As., pág. 3347.