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Reseñas seminarios 2017-2018

El Síntoma en la clínica de la Neurosis y el manejo de la Transferencia

Fotografía: Daniela Nemirovsky

El recorrido de un análisis va produciendo diversos efectos sobre el síntoma, dado que éste va tomando diferentes modalidades para el sujeto, que van desde incluirlo como rasgo de carácter hasta padecerlo, desde desconocerlo a darle un sentido, de rechazarlo a identificarse a él. Modificaciones del síntoma que develan el deseo que se esconde tras él, con el fantasma como sostén, e incluso la pulsión como lo imposible de erradicar.

Pensar el concepto del síntoma desde el Psicoanálisis nos pone en perspectiva sobre los lineamientos acerca del sujeto, el síntoma es lo analizable -sostiene Lacan- y representa al sujeto como dividido, de ahí que un análisis no apunta a suprimirlo, en tanto da cuenta de la relación del sujeto con la castración.  

Es por intermedio de la transferencia que el síntoma puede ser abordado, propiciando el pasaje desde ese estatuto de puro goce revestido que se basta a sí mismo, a ser un llamado al Otro (Analista). El espacio de las entrevistas preliminares apuntará a que se produzca la demanda de análisis y así se constituya el síntoma analítico, en tanto el analista pasa a ser la mitad de él, partenaire del síntoma.  

De este modo, el síntoma en análisis, en tanto portador de un saber ICC, se prestará al desciframiento permitiendo al sujeto producir los significantes que lo representan. Sabemos que la vertiente simbólica del síntoma es insuficiente para dar cuenta del goce que allí se pone en juego, por lo que es necesario que lo sintomático se actualice en el vínculo analítico transferencia mediante. Así, “no debemos tratar su enfermedad como un episodio histórico sino como un poder actual” tal como aconseja Freud. Esto es lo que le permite al analista operar sobre lo real en juego, adquiriendo cada síntoma una nueva significación transferencial.

En el recorrido del análisis, el síntoma comienza a perfilarse como aquello que, aunque no se reconoce en él, concierne al sujeto. A tal punto que se va produciendo un desplazamiento: hay un pasaje de aquel síntoma ajeno para el sujeto a un síntoma verdad, que más bien lo representa. Y lo representa en su máxima singularidad, ya que es el modo que cada uno encuentra para arreglárselas con la castración. De ahí que en el análisis no se apunta a eliminar al síntoma, sino a que el sujeto se identifique a él, en tanto es el modo que tiene de gozar del inconsciente. Si el neurótico es un sin nombre, es porque no quiere saber nada con aquello que es lo más singular de él. Luego del recorrido del análisis, el sujeto pasa a reconocerse en aquello de lo que se defendía.

La Clínica Psicoanalítica trabaja con el síntoma en tanto su función orienta la relación del sujeto al Saber como fracaso de una verdad toda, así como la relación al goce como lo que representa una verdad que tiene cierta relación con lo Real.

El acto del analista será el de poner a prueba el hecho de que la verdad sólo puede decirse a medias y el trabajo del analizante llevará en ese recorrido la experiencia de su división que, vía el síntoma, hallará los límites propios de la castración del ser hablante. 

Ubicamos al deseo del analista como un operador lógico que posibilita relanzar la causa del ICC a través de su intervención siendo que pone en centro el deseo del sujeto, marca de su pérdida inicial, pero también oportunidad de libertad para actuar según ese deseo inédito. 

Mitos y Obstáculos en el inicio de la práctica analítica

Estamos advertidos que muchas veces el trabajo del analista es incómodo; "no se puede hacer una tortilla sin romper los huevos", dice Freud. Ahora, ¿en que se basa esa incomdodidad?, se basa en que lejos de tener un seguro como el psicoterapeuta que controla y pauta a priori lo que tiene y va a pasar en determinado tiempo, es decir, allana el terreno para despojarlo de lo que supone obstáculos, el analista los espera.