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Reseñas seminarios 2017-2018

¿Qué quiere una madre? Lógicas clínicas del estrago femenino.

Fotografía: Daniela Nemirovsky

El estrago es un término introducido por Lacan para dejar en evidencia los claroscuros que encierra la compleja relación madre-hija, se trata de intervenciones opacas que escapan al campo simbólico de la metáfora paterna. La formalización de la clínica del estrago femenino, tiene escasos precedentes, sus menciones y descripciones no abundan en el campo analítico más que como hallazgos.

El “odioamoramiento” neologismo lacaniano, refleja en suma la constatación clínica que emana de las investigaciones del propio Freud. El carácter bifronte de esta modalidad es, entre otros, el eje pasional que atraviesa a este dueto singular.

El amor, la locura y la muerte, trío sinérgico que suele converger en este entramado clínico, irá reproduciendo lo insensato de las paranoias y los arrebatos femeninos. Sus desmesuras tienen su germen en este núcleo, la mayoría de las veces no dialectizable por vía fálica.

Si la muerte es la compañera del amor y juntos dirigen el mundo –tal como señala Freud- ¿no será el estrago un galimatías condensado de ambos?

Con este fundamento se convocó al Seminario.

En las primeras reuniones se trató de ir desmenuzando la genealogía del amor y su acompañante constante que es la locura. Para esto fuimos recorriendo la concepción griega acerca de la mujer, su no lugar y la idea de deficiencia constitucional aportada por el propio Aristóteles y luego rescatada por los Padres de la Iglesia esencialmente por Santo Tomás de Aquino.

La mujer como compendio de todos los vicios y sus vicisitudes en el Medio Evo, lo hemos seguido de cerca con dos textos ineludibles como el de G. Duby “Historia de las Mujeres” y el de G. Bechtel “Las cuatro mujeres de Dios”.

Arribamos a Freud con su afirmación de que no se puede comprender a la mujer sino se privilegia la ligazón madre-hija pre-edípica. Se hace un recorrido que lleva al debate acerca del superyó femenino en Freud, los textos que apuntan inicialmente a lo conceptual terminan difiriendo de una clínica que se le presenta a contrapelo de estas elucubraciones anteriores.

De modo tal que a esta altura del Seminario se ha atravesado lo concerniente al goce materno superyoico primitivo y originario, descrito por Freud como el hallazgo de una civilización que trastoca lo conocido hasta el momento y produce una luz de entendimiento acerca del germen de la paranoia en la mujer.

El enigma materno no lleva a interrogarnos acerca de ¿Qué quiere una madre? Aportamos testimonios clínicos para dar cuenta o intentar responderlo, haciendo una recorrida por los estilos maternos que se pueden extraer en psicoanálisis.

El último tramo del Seminario se inclinó a desbrozar los aportes de Lacan con respecto al concepto de estrago y esencialmente en la relación madre-hija. La respuesta materna como una ley incontrolada, el deseo de la madre como insoportable, algo peor que un síntoma resulta de su acción, un goce estragante.

Finalizamos señalando con énfasis, los efectos radicales en el cuerpo que se aprecian a partir de las intervenciones del Otro materno, desde la sutil descripción que realiza Luce Irigaray en “Una no se mueve sin la otra”.

Una narrativa clínica nos sirvió en las postrimerías del Seminario para poder ceñir los diversos conceptos por los cuales fuimos transitando.

Mitos y Obstáculos en el inicio de la práctica analítica

Estamos advertidos que muchas veces el trabajo del analista es incómodo; "no se puede hacer una tortilla sin romper los huevos", dice Freud. Ahora, ¿en que se basa esa incomdodidad?, se basa en que lejos de tener un seguro como el psicoterapeuta que controla y pauta a priori lo que tiene y va a pasar en determinado tiempo, es decir, allana el terreno para despojarlo de lo que supone obstáculos, el analista los espera.