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Reseñas seminarios 2017-2018

El análisis del analista, resorte de la interpretación

Fotografía: Daniela Nemirovsky

De Freud en adelante hay un consenso unánime: uno se hace analista, analizándose. Luego, supervisando y elaborando textos.

Es más o menos evidente desde el inicio de la práctica clínica que lo que Freud llamó “el análisis personal” es el resorte esencial a la hora de ocupar el lugar de analista.

Y es justamente por ser algo tan vivencial e intuitivo que conviene detenerse en un intento de argumentación al respecto. ¿qué quiere decir que es el análisis personal lo que permite devenir analista? ¿qué del propio análisis es didáctico? ¿qué enseña el análisis? ¿cómo “utilizamos” nuestro propio análisis a la hora de intervenir como analistas? ¿qué consecuencias acarrea el final del análisis en nuestra práctica?

Estas son algunas de las preguntas que nos orientan en nuestro intento de explorar la relación entre dos zonas íntimamente relacionadas: la zona analizante y la zona analista. Profundizar esa relación llevará a medir hasta qué punto hay continuidad y hasta qué punto hay un salto, una discontinuidad, un paso lógico que no se sigue naturalmente de una posición a la otra. Es tal vez una indagación que contemple por un lado la experiencia más raza, por otro, el aspecto lógico y ético que interviene.

Si bien es el dispositivo del pase el que se ocupa de la investigación precisa de ese salto entre una senda y la otra, entendemos que dicha exploración atañe a todo aquel que participe de una comunidad de Escuela. Eso es lo distintivo de la formación permanente que sostenemos en una Escuela de analistas a diferencia de cualquier otro tipo de institución donde se enseña psicoanálisis. Si no hay significante que diga qué es un analista, cada uno de nosotros nos preguntamos sobre la la reunión - pero también el divorcio - entre esos dos campos que se demarcan.

¿Cómo aproximarnos a esa abertura, a esa rendija que se produce en el trayecto que va del diván al sillón?

Será en esta oportunidad a través de la “interpretación analítica” el modo en que intentaremos abordar la imbricación de la senda analizante y la senda del acto analítico (que se articula pero no se confunde ni con la interpretación ni con la transferencia). ¿Cómo incide el análisis del analista a nivel de la interpretación?

 

Ni Freud ni Lacan dejaron de plantear la intromisión del inconciente del analista en la labor interpretativa. Freud directamente habla de una “comunicación de inconciente a inconciente” y Lacan comentará cómo el analista se vale oportunamente de su inconsciente para dar una interpretación[1].

Partamos de este canal abierto por ambos entre el inconsciente del analista y la interpretación ¿cómo incide nuestro inconsciente - trabajo en análisis mediante - a la hora de proferir una interpretación? ¿cómo varía este canal de acuerdo a los tiempos de análisis? ¿qué valor darle al final del análisis, es decir a la salida de la posición de analizante propia del dispositivo analítico? ¿cambia el modo de interpretar cuando estamos atravesando un análisis que cuando lo hemos finalizado? ¿cómo recoger y registrar estas consecuencias?

Proponemos entonces, para no caer ni en la inefabilidad ni en una conceptualización exquisita, tres vías de acceso al asunto para reflexionar sobre el análisis del analista como resorte de la interpretación.

Tres nociones en las que nos detendremos, ya que han estado muy ligadas explícitamente por Lacan a la interpretación. Se ligan pero no se subsumen a la interpretación, más bien diría que la secundan: 1- “deseo del analista”, 2 - “acto analítico” y 3 -“decir del análisis”.

Nos valdremos de ellas como tres modos de Lacan, en distintos momentos de su enseñanza, de nombrar, explorar e ir situando el verdadero nervio de la interpretación: la destitución subjetiva que le cabe al analista. El análisis del analista implica pensar las consecuencias clínicas de la relación del analista con su propio inconsciente, con lo imposible de saber, con lo radicalmente Otro, o su destitución misma como sujeto que resulta de la conclusión de un análisis. Estos aspectos son los auténticos resortes de la interpretación analítica, más allá de los diversos modelos o variantes. El corte, la cita, el enigma, los equívocos, variedades que encontramos en todo uso de la palabra que sepa sacudir el sentido dado.

Lo medio dicho de la interpretación, ese sesgo alusivo que tan bien realiza el chiste o la poesía como terrenos donde el sentido coagulado se mueve, se perturba, se trastoca. Ese decir interpretativo que agita y trastoca la significación del Otro no halla su genuino apoyo en ninguna versión intencional o calculada sino en esa conversión irreversible de la relación del sujeto y el saber que arroja un análisis llevado hasta su fin. Queda por recorrer y poner a prueba a lo largo del seminario esta propuesta que se vale de tres nociones que conciernen íntimamente al analista: deseo, acto y decir como los conectores entre la senda analizante y la senda del acto analítico.

 

Textos a trabajar:

FREUD, S (1912): “Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico” en Obras Completas, tomo XII, Buenos Aires, 1986, Amorrortur, p.107 a 119.

LACAN, J (1958): “La dirección de la Cura y los principios de su poder” en Escritos II, Siglo XXI, Buenos Aires, 1987, p.565

LACAN, J (1960-61): El Seminario, libro 8, “La Transferencia”,Paidos, Buenos Aires, 2003.

LACAN, J (1967-68): El Seminario, libro 15, “El acto analítico”, inédito.

LACAN, J (1968): “La Reseña de El Acto analítico”, en Otros Escritos, Paidos, Buenos Aires, 2012, p.395

LACAN, J (19  ): “El Atolondradicho” en Otros Escritos, Paidos, Buenos Aires, 2012, p. 473

 

[1]            En su texto inédito “El Sueño de Aristóteles” (1978) que puede consultarse en el siguiente link: http://elpsicoanalistalector.blogspot.com.ar/2012/09/jacques-lacan-el-sueno-de-aristoteles.html

Mitos y Obstáculos en el inicio de la práctica analítica

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Nuevas presencias de la sexualidad

Los últimos 25 años aproximadamente se han hecho cada vez más presentes en el cuerpo social lo que llamamos “nuevas presencias de la sexualidad”: gays, lesbianas, travestis, transexuales, trans, bisexuales, intersex. Se trata de una presencia social y política de grupos de sujetos que reivindican sus derechos respecto de nuevas prácticas sociales, políticas y sexuales y que por esa vía defienden una “identidad”-aunque la cuestionen- específica como pueden ser los agrupamientos de géneros más diversos hoy nombrados colectivos LGTTBI