Cursantes

NARCISISMO. Pensamiento y Goce.

 

“¿Por qué una estasis así de la libido en  el interior del yo se sentiría displacentera?”

Freud, S. Introducción del Narcisismo.

 

No es poco habitual la situación en que un analizante abre una sesión diciendo “Estuve pensando….” tal o cual cosa, y lo que sigue no podría catalogarse como pensamientos comandados por la razón, sino más bien como una serie de ocurrencias que parecen no tener agente - lo que es experimentado con cierta extrañeza-. Del mismo modo, el decir propio de la regla fundamental, que puede seguir al “¿Qué piensa?” del analista, nos pone en presencia de un discurso que está por fuera de la égida del yo. Esto lleva a la pregunta, de resonancia heideggeriana, por la naturaleza del pensamiento. En este caso, nos preguntamos: ¿Qué orden de pensamiento se pone en juego en un análisis?

Siguiendo los desarrollos freudianos desplegados en el escrito sobre  la negación, Lacan vincula, en el seminario sobre La lógica del fantasma, la fundación de la organización narcisista con  la génesis del pensamiento[1] . En dicho seminario, se dedicará copiosamente a los  nexos entre el pensamiento y el yo.

Partiendo del cogito cartesiano, y sometiéndolo a una transformación lógica, reformula la alienación. Aplicando la ley de dualidad de Morgan al  pienso, luego soy, obtiene la disyunción o no pienso o no soy. Ambas posiciones constituyen las alternativas de la elección forzada.

En el no pienso, Lacan ubica un falso ser que se sustenta en una modalidad de satisfacción pulsional. Quedan así de este lado, tanto  el yo -falso ser-, como el ello. Sabemos, con Freud , que el narcisismo tiene  un fundamento pulsional. Sabemos también,  que el yo es una diferenciación del ello. Así, no sorprende encontrar del lado del no pienso, el carácter ;  no sorprende encontrar lo que del síntoma -con su núcleo de satisfacción pulsional- es asimilado por el yo por obra de su compulsión a la síntesis. Es en este polo, entonces,  que encontramos la satisfacción narcisista.

El  no pienso   es planteado como la posición de rechazo al inconsciente, en tanto el no soy es     asociado al inconsciente como verdad. Hay en este otro polo un pensar sin yo, “un piensa cosa”[2]

En la clase del once de Enero, Lacan rastrea en  Freud el planteo de un pensar sin yo, haciendo referencia a  los pensamientos del sueño, reencontrados vía  asociación libre. De esta manera, a diferencia del cogito cartesiano, el pensamiento es presentado aquí como desprovisto de agente. Es la experiencia del analizante de eso que habla - y piensa- en él.

El análisis busca promover  entonces un pasaje del no pienso al no soy, apareciendo así la ruptura de la implicación en la conducta, la pregunta por la causa y la recuperación de la extraterritorialidad del síntoma.              

Las vicisitudes de dicho pasaje son cruciales para el inicio de un análisis y la dirección de una cura. Solemos destacar las dificultades y obstáculos de tal movimiento, desde distintas aristas: el carácter como solidario de la resistencia, la resistencia a la posible emergencia de la palabra plena, a la división subjetiva, las dificultades para el cumplimiento de la asociación libre. La renuncia a la complacencia narcisista implica una pérdida.

Ahora bien, aunque de modo ocasional y destellante, el libre discurrir de la regla fundamental, ese pensar sin yo, también puede vivenciarse con alivio. El decir puede también tener un efecto liberador. Esta idea parecería contradecirse con lo expuesto anteriormente, pero quizás podamos pensar que no hay tal contradicción, si tenemos presente el entramado de narcisismo y goce. Así como el narcisismo brinda la posibilidad de satisfacción y complacencia, de reaseguro en el falso ser, su fijeza y dimensión de clausura pueden ser experimentados con displacer.  En Introducción del Narcisismo, Freud se pregunta por qué una estasis  de la libido en  el interior del yo puede ser displacentera, y su respuesta remite a la hipótesis cuantitativa del quantum de libido. El  narcisismo, lejos de ser la panacea del “amor propio”, puede ser incómodo de habitar.

Quizás sea en esta línea que podamos pensar ciertas prácticas del ser  hablante que buscan o promueven ciertas experiencias y modos de existencia más allá del yo. Evitando hacer forzamientos y atendiendo a las particularidades de dichas  prácticas, sus corpus y sus campos, quizás podamos hallar cierta simpatía con la dimensión de apertura que implica el pasaje del no pienso al no soy.

André Breton, a la cabeza del surrealismo, con formación en psiquiatría e interiorizado en los desarrollos freudianos, buscaba, por medio de los procesos creativos, la manifestación del inconsciente sin mediación ni censura conscientes . De allí, la definición que brindaba en el primer manifiesto: “SURREALISMO: sustantivo masculino. Automatismo psíquico puro por cuyo medio se intenta expresar, verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral”[3]. De allí también, la implementación de las diversas técnicas surrealistas, en pos de la emergencia de un “pensamiento parlante”[4], sobre el cual el espíritu crítico no pudiera emitir ningún juicio ni someter a ninguna reticencia.  Por apenas nombrar algunos de esos otros campos y prácticas: el esoterismo piensa al Ego en tanto encierro del espíritu y sus potencialidades; busca entonces alcanzar el estado extático como experiencia de fuera de sí. Desde la filosofía, con Deleuze y Guattari, el devenir es conceptualizado como un acaecer a contrapelo de la fijeza del yo.

Volviendo al  terreno del psicoanálisis, tanto con Freud como con Lacan, resaltamos que el inconsciente no es sin pensamiento. Diferenciando, desde ya, este pensamiento, efecto del lenguaje, del pensamiento asociado a la conciencia de sí y a la racionalidad, tal como es planteado por Descartes. Es por la vía del pensamiento inconsciente, al que se accede de modo pulsátil, en el pasaje del no pienso al no soy, que el análisis ofrece una posibilidad de salida de la captura   narcisista y la apertura de la dialéctica del deseo.

 

 

 

Bibliografía

Freud, S. (1914). “Introducción del narcisismo”. En Obras Completas, Vol. XIV. Buenos Aires: Amorrortu Editores.

 

Freud, S. (1925). “La negación”. En Obras Completas, Vol. XIX. Buenos Aires: Amorrortu Editores.

 

Freud, S. (1926). “Inhibición, síntoma y angustia”. En Obras Completas, Vol. XX. Buenos Aires: Amorrortu Editores.

 

Lacan, J. (1962-63) El Seminario 10. La Angustia. Editorial Paidós, Buenos Aires.

 

Lacan, J. (1966-1967) “El Seminario 14. La lógica del fantasma”, Inédito

 

Breton, A. (1924) “Manifiestos del surrealismo”. Trad. Pellegrini, Aldo. Ed. Argonauta, Buenos Aires, 2001.

 

 

[1] Lacan, J. El Seminario 14. La lógica del fantasma”, p.34

[2] Ibid., p. 64

[3] André Breton, Primer Manifiesto del Surrealismo (1924)

[4] Ibid., p.40